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Noviembre 2002. El Prestige, otro viejo petrolero cargado con fuel pesado, lanza un S.O.S. en medio de un fuerte temporal, a 28 millas de Cabo Fisterra. Durante seis días es remolcado sin un destino cierto, vertiendo su carga al mar, y al séptimo día se hunde a más de 3.000 metros de profundidad. Sucesivas mareas negras llegan a la costa de Galicia. Otra vez. Otra catástrofe. Después del último día del mes, miles de personas que han sabido escuchar el mar en medio de aquel sobrecogedor silencio impuesto a las olas por el chapapote, gritan juntas: ¡Nunca Máis!